¡NO PUEDO! ¡NO PUEDO! Mamá….

¿Cuantas veces escuchamos a nuestros hijos y niños decir ¡NO PUEDO!? Sin dudarlo ni un segundo diría que muchísimas.

Podríamos entrar en debate sobre que significado existencial tiene este, ¡No puedo! en ese instante presente que el niño toma esa actitud, acción , gesto, palabra… Pero en este instante no voy a profundizar en esto. Lo que sí voy a dar es un gran ejemplo que justo lo viví hace pocos días con mi hija de 2 años y medio. Deseo os pueda servir para motivaros en el maravilloso mundo del niño y acompañarlo desde ese mundo.

La historia es de un OSO Y UN BABERO

Inmersa en su juego decidió colocar un babero a su oso de peluche. Lo probó de diversas maneras, su objetivo era claro… Al oso le tocaba comer, y necesitaba un babero. Después de varios intentos, me miró, me dio el oso y me dijo:

-¡No puedo ponerle el babero al oso!

Mi primer impulso mental me llevaba a colocar yo el babero al oso, así que me detuve un instante para reconocer y parar ese impulso que nace de la mente y de la necesidad que tenemos los adultos de “enseñar ” a los niños para que “aprendan”. Una vez reconocido mi impulso, puse toda la atención a reconocer la necesidad de mi hija en ese instante de vida, que era poner el babero al osito. Decidí reconocer y hacerle una pregunta:

  • – ¿Necesitas ayuda?
  • – Sí. (me contestó mirándome atentamente)
  • -¿Que es lo que quieres hacer? (Mostré mi interés de ayudarla plenamente)
  • -Ponerle el babero así. (Puso énfasis en así, dejando muy claro su objetivo)
  • -Ah… Quieres ponerle el babero así, justo de esta forma.
  • -Sí. (Su cara era de confianza, alegría y seguridad. Percibió que la había comprendido en su necesidad )

Volví a pararme un instante, la mente siempre está presente para desconectarnos de la verdad, volvió a pasarme por la cabeza ponerle el babero y saltarme por encima el respeto a su necesidad de autoaprendizaje. Volví a hacer una pregunta que nacía de mi respeto hacia su Ser y propio capacidad de hacer:

  • -¿Quieres que le ponga yo el babero al osito?
  • -¡¡NOOO!! (Me contestó intensamente agarrando su oso de nuevo)
  • -De acuerdo…

Simplemente observé cómo ella sola volvía a intentarlo una y otra vez. Opté por hacer una sugerencia:

  • -Quizás, si le bajas los brazos al osito podrás ponerle el babero de la forma que tu deseas…
  • -Vale mama…

Me miro sonriente con su oso en las manos e intentó buscar la forma de bajar los brazos del osito y de poner el babero, todo al mismo tiempo, claro… Finalmente , ¡lo consigue!, solo que el babero estaba del revés y el belcro no enganchaba… Me mira con cara de interrogante…

  • -¿Necesitas ayuda?
  • -Sí.
  • -Prueba a darle la vuelta al babero…

Su cara de nuevo era la de ¡casi lo tengo! Entusiasmada empezó a observar el belcro del babero, creando un nuevo juego, descubrir que función tiene ese trocito de cinta que se pega según su posición. Finalmente le dio la vuelta al babero, bajo los brazos del osito y colocó el belcro en su pleno funcionamiento.

  • -¡¡¡¡¡MAMÁ, YA ESTÁ!!!!! ¡¡¡MIRA,MIRA!!!
  • -¡Oh! ¿Estás contenta?
  • -¡Síííí!
  • -Y..¿Como lo has echo?
  • -Así, así y así.

Quisiera destacar que en todo este maravilloso proceso de aprendizaje, en ningún momento le recordé las palabras ¡NO PUEDO!, todo lo contrario, acompañe su necesidad innata de aprender, jugar y vivir de ese instante de vida que estábamos compartiendo juntas. Yo evolucioné un paso más hacia mi corazón, dejando fluir mi mente de forma que no interfiriera en ese instante de vida, y por supuesto mi hija desarrollo, sin duda, nuevas neuronas que le invitan a seguir avanzando desde la confianza, el respeto, el amor y los limites sin limitaciones .

Cambiemos la educación, educar para el Ser.